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jueves, 12 de septiembre de 2013

LA TIENDA OFICIAL, CERROJAZO GADITANO


Este aficionado se quedó con las ganas de comprarse una camiseta de tablero amarillo y azul  a juego con sus bermudas  

El domingo, primera jornada  y la tienda oficial cerrada a cal y canto. Un cartel informaba que tardaría aún días en abrir, hasta que no lleguen las nuevas existencias. Debut liguero y ni una triste bufanda a la venta que llevarse al cuello. Algunos aficionados estaban tan desesperados que incluso se habrían comprado la horrorosa equipación del tablero amarillo y azul, esa que también sirve para echar trepidantes partidas de damas en la mesa-camilla de la abuela. Al parecer, sin la equipación oficial de esta temporada disponible, no renta subir la baraja, aunque solo sea para vender cualquier chuminá con el logo del equipo. 

En tres meses de pretemporada no ha dado tiempo de negociar la ropita. Una prueba más de que sigue gestionando siempre con el paso cambiado. Lo peor es que no es cosa de esta directiva. Esto lleva pasando años. Quería regalarle un balón pequeñito del Cádiz a mi sobrino por su bautizo. Lo encargué y no llegó casi hasta la Primera Comunión... Así no extraña que ahora los niños sean del Madrid o del Barsa, ellos al menos tienen abiertas sus tiendas los 365 días del año.
¡Viva la seriedad, el marchandasing y los ingresos atípicos!

viernes, 2 de agosto de 2013

UN CARRANZA DE SALDO

Mejor un Trofeo ilustre en el recuerdo, que un Carranza cutre en el calendario veraniego
Qué lástima de Trofeo. Falta interés, competencia, imaginación y, sobre todo, cariño para recuperar la dignidad y el prestigio perdido. Los carteles, con menos tirón que un partido de cricket en La Caleta, son una guantada sin mano al aficionado y emponzoñan su memorable historia.
Antes venir daba caché y palmarés. Ahora, que no hay dinero, los grandes le dan de lado. Todo son excusas de giras, fechas y peligro de lesiones para no venir. Si alguien quiere ver al Madrid o el Barcelona jugar el Carranza, que se compre la Playstation y lo organice él mismo. 
Nada es lo que era, ni en el campo ni en el ambiente de sus aledaños. Las barbacoas ya no son amarillas. Ahora se llaman bebecoas,  ni siquiera huele a pinchitos y están acotadas porque molestan y generan muchos gastos, que no ingresos. 
Esta historia del Carranza por desgracia ocurre con demasiada frecuencia en Cádiz. Es la énesima crónica de una muerte anunciada. Una vez más, gana la banca y la ciudad pierde. ¿Cambiará esto algún día?